27 de octubre de 2011 por vani

¿Nos dormimos una siesta?

Cuando era una niña detestaba el momento de la siesta, no comprendía por qué los adultos la esperaban tanto, mientras ellos tomaban esas horas de descanso yo me aburría en mi habitación. Con los años comencé a necesitarla. La primera vez fue aquí en Buenos Aires.  Mi rutina había cambiado, de repente amanecía de noche cada día, mi alarma sonaba a las 4:30 porque a las 6 debía estar en mi trabajo. Al mediodía cortaba pero a las cuatro de la tarde otra vez en actividad y volvía a casa a las diez de la noche. Agotador. Al principio me rehusaba a tomar una pequeña siesta, me parecía una pérdida de tiempo y me recordaba a las tardes opacas de la infancia. Empecé a comer mal, me ganaba el mal humor, sentía mucha fatiga y a veces ganas de llorar. A los pocos meses estaba gozando de mis siestas cotidianas y el día se me hacía más liviano.

Hoy no madrugo tanto ni tampoco diariamente, sin embargo cuando lo necesito le regalo al sueño minutos de mi tarde. Seguramente  vos también madrugás, o te acostás tarde por quedarte frente a la tv o trabajando en la computadora, y al apoyar la cabeza en la almohada te das cuenta que sólo te quedarán seis horas por dormir. Cada vez estamos más acostumbrados a que la noche en la cama dure menos. Las consecuencias de esta falta de descanso apenas las percibimos porque las relacionamos con otros motivos. La irritación, el fastidio, el desgano, la piel seca, el mal comer, y las ganas de nada son algunas de las cosas que nos suceden más frecuentemente de lo deseado. El remedio está en dormir más, ¿no podés alargar la noche? Bueno, para ello está la siesta, para compensar ese déficit de sueño y recuperar las horas perdidas en la noche.  Lo ideal para nuestra salud es dormir entre ocho y diez horas, algo impensado en estos días y sobre todo en Buenos Aires. En cambio, en otras ciudades del país aún se conserva el hábito saludable de una “siestita”; y en muchos lugares del mundo se está revalorizando esta tendencia de recuperar el sueño nocturno por la tarde, inclusive en sus lugares de trabajo. Dormir al menos veinte minutos mejora el rendimiento laboral y las relaciones con el entorno. Tal vez de a poco acá podamos implementarlo, un buen indicio es el siestario porteño que existe desde al año pasado.

Lo importante es que estés atento a tu cuerpo, tus sensaciones, tu carácter y asumas el dormir como un bien necesario. La siesta ya no es sinónimo de vagancia o pérdida de tiempo, es bienestar. No hagas como cuando era chica que fingía dormir al cerrar los ojos, acostate e inténtalo aunque no tengas sueño, pronto llegará.

Nota: hasta el 29 de octubre estamos por primera vez celebrando en Argentina la Semana de la Siesta, no te la pierdas! Más info: www.semanadelasiesta.com.ar

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5 comentarios a “¿Nos dormimos una siesta?”

  1. Paula dice:

    Estás en lo cierto, Vani! Lo que desearía poder dormir una siestita en este momento!… y lamentablemento estoy ocupada y no puedo hacerlo. Yo también odiaba las siestas antes, pero hace unos años que las estoy implementando como algo sumamente reparador. Ojalá algún día podamos todos vivir al ritmo natural de cada uno y respetar lo que nos dice el cuerpo sin pensar en nuestras obligaciones!

  2. Aniti desde Rosario dice:

    Siempre sentí la siesta como algo detestable, es más hay lugares donde todo se cierra a esa hora y me produce aún una cierta picazón, por qué la gente interrumpe sus tareas para dormir un rato? Me suena a provinciano holgazán, leeento…
    El incesante paso del tiempo con ese reloj que te marca los años que tenés hizo que un día mi cuerpo dijera que tenía ganas de dormir un rato a esa hora, entonces comencé a comprender el sentido de la siesta.
    Sin ser lo habitual a veces duermo y otras me dedico a romperle las pelotas a cuanto ser viviente esté a mi lado. Creo que aún me falta encontrarle más sentido y avisarle a mi cuerpo que todo puede esperar y que es bueno descansar un rato retomando energías para el resto del día y perder esa caracúlica habitual que te da el mal humor. Besos

  3. Mir dice:

    Siesta, fiaquita, apoliyo. Palabras que llaman a descansar. Lástima que tienen mala prensa, como la sopa, o la tarea de vacaciones.
    Confieso que de todo, la siesta era mi peor castigo cuando era chica. Ahora me reconcilié con ella y trato de encontrarla cuando puedo, y me desparramo en la cama mientras el sueño me regala 30 minutos energizantes.
    Siestita: te guiño un ojo, y te invito: Hagámonos amigas.

    Bien Vani por tu consejo. Ojalá muchos lo sigan.

  4. mónica dice:

    Sabés Vani? a mí me pasaba como a vos! Cuando era chica y me mandaban a dormir siestita, me la pasaba molestando a mi perra y jugando en silencio con mi hermanito.
    Yo me acostumbré a esos descansitos en la tarde, no importa si son 20 o 30 minutos, pero es realmente generosa esa siesta. No me gusta estar en la compu a la noche, altera el sistema nervioso, y duermo bien pero obvio, tengo que madrugar, y esa siesta me ayuda a tener pilas y la piel super!
    Beso, te felicito por tu post.
    Mónica (Magic Club)

  5. Miguel dice:

    Muy lindo tu artículo y muy cierto ….!!!… en mi caso particular siempre me gustó la siesta … desde chico y no sabes como la extraño a veces, pero al contrario de una pérdida de tiempo yo también la considero como uno de los placeres de la vida ….. esta costumbre la vamos perdiendo con los años, con el ida y vuelta diario, con la forma de vida sobretodo en las grandes ciudades, etc…
    Y cada vez que viajo al interior ….. puuufff como los envidio e imito ….!!!
    Besos Vani y muy lindo tu artículo y …. nunca es tarde para retomar esas costumbres que tan bien nos hicieron en la vida ….!!!
    Miguel

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