7 de abril de 2011 por vani

Para un amigo, Jorge Collazo

Hace nueve años llegué a mi querida Buenos Aires. Buenos aires eran los que me esperaban en calle Rivadavia al 800, frente al entrañable Café Tortoni. Parece que allí comenzaron a cumplirse mis sueños, sueños que nacieron y crecieron gracias a una lucecita que se encendió en el camino. Era el mes de enero de un año que terminaría muy triste para el país. Mis ojos estaban puestos aquí, en Capital. Me había quedado sin trabajo en Rosario y los recursos para viajar eran escasos. La primera herramienta fácil y a bajo costo era internet. Busqué la guía de medios de comunicación completa, y mandé infinitos mails con un pequeño c.v. Respuestas en mi bandeja de entrada, solo una:

“Vanina, te aclaro que hay no menos de 40 profesionales elegidos de un casting sin ninguna posibilidad de ser contratados, te prometo que tu curriculum va a llegar a buenas manos, te saludo afectuosamente Jorge Collazo producción”

No salía de mi asombro, alguien había destinado un poquito de su tiempo para escribirme. Estaba tan contenta…enseguida respondí agradeciendo ese pequeño acto que para mí era inmenso. Del otro lado entendieron el valor que le había dado y volvieron a contestar:

“Vanina, José Gervasio Artigas el prócer de mi país Uruguay dijo que con la verdad no ofendo ni temo. Quise ser sincero contigo pero debes saber que no tienes las puertas cerradas aquí, quiera dios que un día no lejano seamos compañeros de trabajo. Cuando gustes presenciar el programa gustosamente serás bien recibida mucha suerte y no te desalientes Jorge”

Cómo iba a desalentarme con esas palabras maravillosas de aliento, de comprensión, de sinceridad. Fuiste mis ganas, mi ilusión, la voz que me animaba. Un día tomé un micro y te busqué en la radio, no te encontré. Otro día volví y tampoco estabas, pero al mencionar tu nombre me dejaron presenciar el programa. Al poco tiempo te conocí, llevabas el termo bajo el brazo y me cebabas los mates más ricos. Me aconsejaste y me cuidaste. La última vez que hablamos ya no trabajábamos juntos. Los dos estábamos desocupados con un sabor más que amargo. Me pediste si podía armarte un c.v. y lo hice rogando y esperando que te ayude a encontrar algo. Aún lo tengo guardado, como tus mails, tu sonrisa, tu voz tan especial, tu calidez, tu recuerdo todo.

Ayer me enteré sorpresivamente que te fuiste, tuve que contener las lágrimas. Hoy quise despedirme de alguna forma y encontré esta, homenajeándote por la gran persona que fuiste, y diciéndote lo que por suerte ya sabías: te quiero mucho y gracias.

Para vos querido Jorge Collazo